En 2006 el Parlamento de Navarra aprobó la actual ley foral de contratos públicos, según la cual los ayuntamientos debían reconvertir en contratos (lo que incluye concurrencia pública en función de la cuantía económica) muchos de los convenios (forma de subvención directa sin concurrencia) que venían realizando con entidades y asociaciones locales, incluyendo las culturales y deportivas. Con el objeto de adaptar a Navarra la normativa europea y estatal sobre el tema, la ley fue promovida y aprobada por UPN, que junto a CDN contaba en esa fecha con mayoría absoluta en el Parlamento Foral, siendo entonces uno de sus parlamentarios Luis Casado.
Cuando al año siguiente, en 2007, el centro cultural Castel Ruiz de Tudela propuso la formalización de sendos convenios con los grupos de danzas y de jotas (los convenios de la banda de música y del coro se habían aprobado en 2005, antes de la ley), el PSN recordó que ese tipo de acuerdos no eran legales. Así lo había considerado tanto el informe interno de Intervención como el informe jurídico externo que se encargó. Y el secretario de la Junta de Gobierno de Castel Ruiz afirmó en la misma sesión que los convenios sometidos a aprobación “no se ajustan a derecho”.
Dado el empecinamiento de UPN en no atender a razones, el PSN recurrió aquella decisión ante los tribunales. Aunque el Juzgado de lo Contencioso ya se pronunció en 2008, declarando nulos aquellos acuerdos porque “no son conformes a derecho”, Castel Ruiz apeló a la instancia superior, y ahora el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha ratificado la sentencia del Juzgado (sin que quepa ya recurso alguno) y ha condenado al Ayuntamiento a pagar las costas.
Está claro que la responsabilidad de este varapalo judicial es del grupo de UPN que, aun sabiendo que actuaba al margen de la ley, siguió adelante. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué Luis Casado se negó a aplicar una ley que, además, UPN y él mismo habían aprobado en el Parlamento Foral? A él le corresponde explicar esa evidente incoherencia.
Pero en lugar de reconocer su error y asumir su responsabilidad, el Alcalde de Tudela arremete contra el PSN por haberse atrevido a defender la legalidad. Nos acusa de “haber dado una bofetada a todos los grupos culturales de Navarra”, ahí es nada. Si cumplir la ley foral de contratos públicos perjudica la cultura de Navarra ¿por qué votó a favor de ella entonces, o por qué no ha propuesto cambiarla después, en lugar de eludirla?
Ante la falta de argumentos sólidos, Luis Casado recurre a comentarios demagógicos para alarmar a la población, aduciendo que si se aplica esa ley “nos podemos encontrar al grupo de danzas de Almería bailando la Jota de Tudela o a la banda de Cambados acompañando a Santa Ana en la procesión”. Es evidente que eso no ocurrirá nunca y él lo sabe, porque muchas de las actuaciones se pueden contratar, en función de la cuantía económica, de forma directa o pidiendo ofertas a tres entidades locales. De hecho así se viene haciendo en algunos casos. Y cuando se trate de un concurso abierto, las entidades deberán cumplir los requisitos o los méritos que el Ayuntamiento establezca, lo que lógicamente favorecerá a los grupos locales. Así es como se puede hacer a partir de ahora, y así es como debería haberse hecho desde el 2007. Por otra parte, las actividades de fomento y formación (las llamadas “escuelas”) se podrían seguir impulsando, si se quiere, a través de convenios.
La postura del PSN en este tema es muy sencilla y clara. Contra lo que dice el Alcalde, siempre hemos apoyado y apoyaremos a los grupos culturales locales, a los que reconocemos su enorme mérito en favor de Tudela. De hecho muchos de ellos se impulsaron desde Castel Ruiz cuando gobernaba el PSN. ¿Dónde está, pues, la diferencia con UPN? Que en lugar de gestionar este tema con fórmulas del pasado, hoy ilegales, preferimos aplicar las fórmulas legales actuales, emanadas del marco europeo, que de paso pueden ayudarnos a modernizar la gestión cultural de Tudela.
¿Es que acaso no hay o puede haber en Tudela varias asociaciones, no sólo una, en los diversos campos de la actividad cultural? Esta nueva situación no hay que verla como una amenaza, sino como una oportunidad que puede dinamizar las iniciativas de los diferentes grupos locales. UPN debe dejar de dramatizar sobre este tema, reconocer su error y adaptarse a los nuevos tiempos. Tudela necesita de sus dirigentes más mesura y sensatez.










